Le enseñaremos que compartir nos hace simplemente más felices, con nuestras acciones y nuestros pensamientos. En cada decisión que tomemos haremos resurgir la generosidad en nosotros, que es una de las fuerzas opuestas y veremos que energía positiva y cautivante atraen a nuestra vida. Educaremos a nuestro egoísmo no reprimiéndolo, quemándolo de mil formas distintas, lo amaremos para que ame, le tendremos paciencia y no permitiremos que nos guíe en nuestra vida, no ignorándolo, sino mirándolo muy de frente y con paciencia lo nutriremos de Luz. Lentamente su fuerza negativa irá disminuyendo y cediendo a la retribución de Luz y a la paz creciente que va surgiendo en nosotros. ¿Alguna vez nuestro egoísmo desaparecerá en nuestra Luz, por siempre? es posible si nuestra capacidad de amar se torna ilimitada y universal.
Así nos amaremos, porque comprenderemos que no somos malos, indeseables, viles, sólo no nos hemos dado la oportunidad para rescatar lo mejor de nosotros mismos, no hemos tenido hasta hoy la necesidad de ir más profundo y de mejorar verdaderamente. Nos daremos cuenta que sentir lo que sentimos no es un pecado, una falla mortal, una atrocidad que surge de nosotros, avergonzándonos. Somos humanos en un extenso camino de autosuperación donde debemos aprender de nosotros mismos, de nuestros errores, de nuestras fallas para corregirlas y pasar de grado, en esta escuela tan particular, variada y asombrosa. ¿Debemos perdonarnos a nosotros mismos por ser humanos?, ¿Debemos hostigarnos una y otra vez por no lograr alcanzar la iluminación en cada instante ?, si nos perdonáramos y reconociéramos nuestros errores y profundizáramos en ellos sin culpas, sin reprimirnos, emanado Luz hacia ello, ¿no estaríamos iluminándonos ?.
¿El viaje de la experiencia humana nos lleva a evolucionar o a perecer en la Luz , a triunfar o a fracasar frente a Dios ?... ¿o nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos para encontrar a Dios ? Por ello el aceptar que nos equivocamos y tratar de mejorar teniéndonos paciencia y amor nos llevará con mayor rapidez hacia la plenitud interna que tanto anhelamos.
Dios está en todos los aspectos de nuestra existencia, aún en nuestras sombras más oscuras, como una fuerza infinitamente comprensiva que las llevará hacia la Luz. Por ello nuestras fallas son y deben ser transmutadas en el amor, con comprensión y paciencia hasta que esa porción de nosotros mismos que permanece en la ignorancia pueda ingresar en la calma total.
El amor es esto y mucho, mucho más, y hacia el amor total vamos para fundirnos en él, ingresando en la conciencia de Dios, asumiendo toda perdida de identidad individual y fusionándonos con el Todo de la infinita creación.