Las virtudes que debemos cultivar en nosotros para activar la Esencia Crística en nuestro interior, aquí se detallan.
EL AMOR
El AMOR frente a todo y a todos, y en contra de todas las expectativas de ser retribuidos en el amor es donde se ama verdaderamente.
Se ama en la claridad y se ama en la oscuridad.
Se ama en la tolerancia y más aún cuando ésta se ha agotado, lo que la hará resurgir.
Se ama sin razón justificada por la mente, sino porque se siente y no es necesario explicar ni justificar el amor jamás, simplemente esta allí y se disfruta por lo que es, se acepta sin importar la forma en que se presente, pues el amor no conoce reglas, limites, rostros, sólo se ama.
Se ama en el dolor y se ama nuestra ignorancia y especialmente la de los demás, esto nos llevará a aceptar que otros vean un mundo diferente que tal vez no entendemos pero aceptamos.
Se ama lo que podemos cambiar de nosotros para que realmente cambie, y más aún se ama lo que no podemos cambiar en otros para que dejen de producirnos rechazo y decepción aquellos que simplemente son distintos.
Se ama desde el perdón, siendo este entregado de corazón, olvidada la afrenta y transmutado el dolor que se ha producido, pues si hasta el recuerdo amargo queda y éste no contiene Luz alguna el amor esta ausente y el perdón se vuelve relativo.
Se deben amar las ideas propias si surgen del alma, pero más aún se deben amar y respetar las ideas de los demás, que tiene tanto valor como las nuestras, sólo utilizan otros caminos para expresarse.
Se debe amar al mundo para lograr cambiarlo, para marcar en él una diferencia significativa, pero no desde una amor selectivo y comparable al amor que se tienen los vecinos, cordial, reservado y sin compromiso alguno, se debe amar como a un hijo desprotegido, al cual hay que proteger y por el cual se tiene una gran responsabilidad ante Dios. Sólo así se hundirán las manos en el fango de la desesperación, de la marginación y se verá claro lo que debe hacerse y lo que debe mejorarse. Más el planeta nos amará y habremos saldado la deuda de paz que sostenemos con él desde hace tanto tiempo.