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El Corazón de Jesús

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Progresivamente el ser humano irá entrando en una calma mucho más estable si ha logrado verdaderamente superar de una forma positiva sus propias fallas. Este proceso no lo atraviesan todos por igual ya que depende del estado evolutivo que esa persona posea, y del conocimiento más o menos profundo que posea de sus trabas internas. Por ello el proceso es único para cada ser, pero igualmente hermoso y revelador.

El Corazón de Jesús es una fuerza de Luz que debe conservarse en el nivel más consciente y físico de la vida cotidiana con voluntad y determinación. Es una Luz que poseemos pero que debemos alimentar con nuestros actos, pensamientos, decisiones y elecciones en cada momento de nuestra vida. Nos llevará a preguntarnos cuánto sabemos del amor y cuánto estamos dispuestos a descubrir. El Maestro Jesús ama a todos los seres existentes en el Universo y demás universos, más si activamos su Fuente de Luz debemos ser conscientes que la máxima fuerza de esta Fuente se basa en distintas virtudes que deberemos cultivar:

 

EL AMOR: frente a todo y a todos, y en contra de todas las expectativas de ser retribuidos en el amor es donde se ama verdaderamente.

Se ama en la claridad y se ama en la oscuridad.

Se ama en la tolerancia y más aún cuando ésta se ha agotado, lo que la hará resurgir.

Se ama sin razón justificada por la mente, sino porque se siente y no es necesario explicar ni justificar el amor jamás, simplemente esta allí y se disfruta por lo que es, se acepta sin importar la forma en que se presente, pues el amor no conoce reglas, limites, rostros, sólo se ama.

Se ama en el dolor y se ama nuestra ignorancia y especialmente la de los demás, esto nos llevará a aceptar que otros vean un mundo diferente que tal vez no entendemos pero aceptamos.

Se ama lo que podemos cambiar de nosotros para que realmente cambie, y más aún se ama lo que no podemos cambiar en otros para que dejen de producirnos rechazo y decepción aquellos que simplemente son distintos.

Se ama desde el perdón, siendo este entregado de corazón, olvidada la afrenta y transmutado el dolor que se ha producido, pues si hasta el recuerdo amargo queda y éste no contiene Luz alguna el amor esta ausente y el perdón se vuelve relativo.

Se deben amar las ideas propias si surgen del alma, pero más aún se deben amar y respetar las ideas de los demás, que tiene tanto valor como las nuestras, sólo utilizan otros caminos para expresarse.

Se debe amar al mundo para lograr cambiarlo, para marcar en él una diferencia significativa, pero no desde una amor selectivo y comparable al amor que se tienen los vecinos, cordial, reservado y sin compromiso alguno, se debe amar como a un hijo desprotegido, al cual hay que proteger y por el cual se tiene una gran responsabilidad ante Dios. Sólo así se hundirán las manos en el fango de la desesperación, de la marginación y se verá claro lo que debe hacerse y lo que debe mejorarse. Más el planeta nos amará y habremos saldado la deuda de paz que sostenemos con él desde hace tanto tiempo.

Debemos amar en silencio, y si hacemos buenas obras y nuestras acciones están llenas de Luz no debemos comentarlas ni tirarlas como piedras preciosas a la opinión pública para engrandecernos, ya que la fuerza que el amor retribuye irá a parar a nuestra vanidad y a nuestra necesidad de reconocimiento alimentando más estos aspectos de nuestro ser, y no a nuestra alma, que quedará sin más que un sentimiento de vacío.

 

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