Y sois viajeros, eternos amigos, sois viajeros, sois caminantes de la Luz, sois buscadores de la paz, vuestras valijas son vuestras experiencias, vuestra vida misma aquí en la Tierra. Y volvéis con ellas a Dios, llevando todas vuestras experiencias, vuestros logros, vuestros fracasos, vuestro amor, y volvéis a vuestro Hogar donde siempre os esperan, siempre, con los brazos abiertos para recibirlos, y todo se vuelve verde, la nieve se derrite, el viento ha cesado, ya habéis entrado en la paz, en la armonía, ya habéis descansado.
Conociendo la Luz la paz llega y el alma al dejar el cuerpo reconoce la Luz de la cual procede, de la que ha nacido, la que le ha dado origen, la que la ha guiado.
Imagináos que vosotros tenéis un padre amoroso que desde el primer momento en que habéis nacido os ha llenado de infinito amor, os ha cultivado el alma de enseñanza y con paciencia a pulido vuestro ser y os ha guiado, hasta lograr de vosotros seres de gran sabiduría y amor. Más llega el momento de partir a buscar vuestras propias experiencias, a vivir vuestras vidas y os lanzáis a recorrer el mundo con vuestra alforja, con vuestro entusiasmo de vivir, con vuestra juventud, con los bríos de vuestra energía, con vuestro ímpetu, con vuestra libertad. Os lanzáis a través de océanos, tierras, montañas, buscando vuestra verdad, afianzando vuestro ser, conociendo vuestro interior, donde os reconocéis a vosotros mismos. Al iniciar el viaje comenzáis llenos de entusiasmo , y vais adquiriendo experiencias, luego la energía va agotándose y cuando ya os a agotado semejante recorrido deseáis descansar, deseáis estableceros en un lugar de paz y al abrigo del mundo, deseáis volver a los brazos de vuestro padre que os espera, deseáis volver a ver su rostro, sus brazos abiertos extendidos para abrazaros, deseáis escuchar su voz, deseáis volver a encontrar su mirada y retornáis de vuelta al camino en busca de su amor, en busca de su compañía. Y al encontrarlo, sentís que vuestra alma vibra plena, en perfecta calma, habéis encontrado a aquél que os ha dado la vida, aquél que es vuestro amigo, vuestro consejero, vuestro maestro, aquél con el que compartís un lazo inquebrantable, aquél que os conoce perfectamente, aquél que siempre os recibe con amor. Así se asemeja el viaje del alma, desde que brota a la existencia misma y nuestro Eterno Padre le da su esencia tan única y especial, desde que es lanzada a vivir, a transitar, utilizando su voluntad, su libre albedrío, su Luz, su verdad superior, su amor, por mil caminos diferentes.